Emma Zúnz y el cuerpo de la venganza

            Nayeli Yael González

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta, verdadero era el tono de Emma Zúnz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

 

Una historia increíble, esa es la historia de Emma Zúnz, no la de Borges, sino la que Emma le cuenta a la policía. El cuento relata el minucioso orden en el que Emma tuvo que efectuar los hechos para llegar a la muerte de Loewenthal, Aarón Loewenthal.

Para tener un móvil que justifique el hecho, Emma se acuesta con un desconocido, para que la policía crea que ha sido violada por el hombre que acaba de matar; para vengarse, Emma debe ser humillada. Sin embargo ocurre algo interesante Emma se entrega al marinero y entonces la venganza de su padre es opacada por un recuerdo más atormentador aún, “su padre le había hecho a su madre, la cosa horrible que a ella ahora le hacían” (Borges, 2007,73). De esta manera, Emma Zúnz venga a su padre sometiéndose a un acto violentamente repugnante que resulta igual al que su padre ejecutó en su madre veinte años atrás.

Antes del marinero, Emma no había estado con ningún hombre, “En abril cumpliría 19 años, pero los hombre le inspiraban, aún, un temor casi patológico” (Borges, 2007,70). Lo que intensifica la dimensión del sacrificio por el padre muerto.

Emma necesita una prueba de que lo que ha planeado, desde el seis de enero, será ejecutado tal y como se lo dirá a la policía, después de la muerte de Loewenthal recoge en su cuerpo lo que presentará ante todos como violación.

Ella elige al marinero, un extranjero que esa misma noche deje la ciudad, para que haga verosímil la calculada y fría venganza tramada por Emma, pero ocurre que el motivo que lleva a Emma a buscar al marinero es desplazado por un motivo secundario. Emma, después del encuentro sexual, ya no piensa en el suicidio del padre del que culpa a Loewenthal, ahora lo quiere matar por “la cosa horrible” de la que ella misma fue víctima: “Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello” (Borges, 2007:75).

El suicidio de Emmanuel Zúnz había llevado a Emma a decidir vengarse, a entregar  su cuerpo a un desconocido, para justificar el asesinato; pero después, fue la misma entrega la que la obligó a ejecutar, hasta el final, la venganza, “no podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra” (Borges, 2007,75).

Emma ya no actúa como la hija, sino como la mujer, la venganza se bifurca, Emma quiere vengar la traición a su padre en 1916 y el ultraje padecido en 1922.

Consumada la venganza, después de tomar el revólver y apretar el gatillo dos veces y ver “el considerable cuerpo desplomarse como si los estampidos y el humo lo hubieran roto” (Borges, 2007,75) aún después de ese momento, Emma creía todo lo ocurrido como una cosa increíble “Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…” (Borges, 2007,76).

Emma había vengado la muerte de su padre y no la podían castigar; porque a pesar de todo, era cierto; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

Si ser o no ser…

Lilia Ávalos

No importa dónde lo haya escuchado (así que no te mortifiques, lector), pero los diálogos a continuación “existieron”. Incluso no sabría decirte si los escuché o los imaginé. Es sólo que hay, a veces, ocasiones en las que piensas tan intensamente algunas ideas que no sólo las imaginas, sino que las escuchas. Pero lo importante de esto recae en la posible certeza de los argumentos de Pedro Páramo y del gato de Chesire; o ya estamos muertos, o todos estamos locos. Y como quizás sean ambas y no sólo una de ellas la verdad, va a continuación el diálogo, en el que yo no aparezco, porque no soy yo quien le da vida, no es a partir de mí que lo conoces, sino que se sostiene por sí mismo. Al contrario, yo me valgo de él para plasmar mi fútil introducción y proporcionarme “existencia” (aunque sea entre comillas, ¿de qué otra forma si no?

 

—¿Hubieras preferido que no muriera?

—Bueno, no tanto como decir “ojalá que siguiera vivo”, porque todos tenemos que morir.

—¡Ah! Entonces, ¿crees que morir es una obligación?

—Bueno, no tanto como una obligación, sino más bien algo inevitable.

—¿Qué implicaría morir?

—Pues ya sabes; colgar los tenis, estirar la pata, ir al más allá, quedarse frío, ponerse tieso.

—Mmm, dudoso, dudoso. A ver, ¿qué hace a la vida, entonces?

—Bueno, pues es que uno puede hacer de todo en la vida (¡hasta morirse!). Puedes ir al cine, subir cerros, hacer revoluciones, escribir libros, ver tele todo el día, beber, fornicar cuanto se quiera. Sí, tú sabes, esas cosas.

—Pero si vas al cine, ¿no se acaba esto en el momento en que termina la película?, o si escribes un libro, ¿acaso el libro desaparece también cuando tú mueres?, ¿cuelga también el libro los tenis?, si haces una revolución y mueres ¿implica que no habrá quien experimente los cambios que propiciaste?

—¡Ah, pero eso es filosofía!

—Imbécil…

—Sí, mira, no te alteres: cuando alguien se muere, sólo muere el que se muere, más no lo hecho por éste, y como para los otros nadie es más que lo que ha hecho, entonces en realidad no se muere. O más bien sí se muere, pero ¡a quién le importa!

—Mmm… grrrrrr…

—Ajá, todo está clarísimo. Es como cuando se murió Jesús, o lo que es peor, cuando se murió Cervantes, la verdad es que yo no me entristecí, ¿por qué habría de hacerlo?, si a los cabrones  ni  los conocí, y lo que sé de ellos es sólo lo que otros dicen que hicieron, y como la cosa hecha sigue, pues entonces de qué me apuro.

—Pero lo que yo quería decirte es que…

—Sí, por eso, morir vale madres para todos menos para mí que soy quien muere, pero como cuando eso pase ya voy a estar muerto ¿de qué me apuro? Si por eso dicen que no hay muerte inoportuna. Imagínate que uno quedara vivo para pasársela tristeando porque se murió, pues no, ¿qué vida sería esa?

—No, lo importante de esto es que…

—Ajá, por eso, si te digo que cómo le gusta a uno mor-ti-fi-car-se (¡ah, qué palabrita tan rara!). Al cabo, uno ya está muerto, que los vivos se preocupen por esto.

—No, pero es que…

—¡Adiós…!

El prototipo del estudiante de humanidades

Gabriela Nájera

 

El estudiante de humanidades no es sólo un estudiante, tiene características específicas que lo hacen inconfundible a los demás.  Podríamos caminar por un campus universitario en cualquier parte de México sin percatarnos de qué carrera estudian la mayoría de los jóvenes, pero el humanístico resalta de los otros. Dicen que Dios los hace y las facultades de humanidades los juntan.

Sólo hay que ver cómo viste el estudiante de humanidades, su atuendo tiene que ser de colores extraños; mientras peor combinado ande, mejor. Este tipo de seres prefiere las ropas confeccionadas por artesanos indígenas, los cinturones que no son en realidad cinturones sino pedazos de tela, las boinas negras,  los huaraches cosidos con mecate o en su defecto los tenis Converse en cualquier presentación. Éstos últimos adquieren mayor valor si están rayados o rotos, porque bien he escuchado en múltiples ocasiones que no es lo mismo unos Converse hechos pedazos que unos tenis cualquiera rotos. Dos o tres ropas de manta, algún chal, collares de piedras lunares y algunos aretes folklóricos siempre estarán en el guardarropa de este espécimen. Tampoco faltarán los pantalones rotos; en cualquier otro lugar llevar un agujero en la nalga sería hasta vulgar, pero en las facultades de Humanidades es el pan nuestro de cada día y, próximamente, requisito de inscripción.

Los cabellos de esta fauna son casi una obra de arte, monumento a la rebeldía. No se trata sólo de evitar pasarse el cepillo, sino parecer despeinado a lo largo del día; no es sólo tener chinos, es lograr la elevación de ellos en el ángulo perfecto; no es sólo tener rastas, es lograr que conserven su efecto mugroso; la gracia no está en pintarse rayos morados o verdes en las mechas, sino teñirlas con productos naturales; y el último gran logro: cortarse el pelo sin acudir a una estética o peluquería (señal inequívoca de que es posible ir en contra del sistema).

Es equivocado dejarse llevar por la apariencia este moderno axolotl de las Humanidades. A primera vista puede confundírsele con hippie, pero no, él va más allá de la hippiesa, es más bien multifacético, puede saltar de lo naco a lo fresa, pasando por lo emo, lo darketo, lo metalero, lo punky y cuanta clasificación de grupos sociales y tribus urbanas exista.

Lo mismo ocurre con sus gustos musicales. Se han documentado casos en que estudiantes de Humanidades han escuchado, durante una borrachera, tanto a los Tigres del Norte, Montez de Durango, Pesado, Intocable y hasta a la Arrolladora Banda Limón, sin contar dos que tres canciones de José José, José Alfredo Jiménez y Juanga. Algunos especialistas han afirmado que la capacidad de tolerancia al cambio de intérpretes es proporcional a la ingesta de alcohol y la circulación de él en el torrente sanguíneo.

Sorprende también su reacción a los diversos escenarios y situaciones: si es invitado a un rave será conocedor de la música electrónica en su máxima expresión, portará pulceritas luminosas y saltará de manera efusiva a cada oportunidad; si tiene que comentar frente algún profesor algo sobre música referirá a los grandes concertistas de todos los tiempos, herencia musical de sus padres o familiares (porque todos tenemos un familiar que escucha música clásica); el reggae también será una presencia constante: su vinculación será la vida y obra de San Bob Marley y se manifestará especialmente con fotografías o estampas del jamaiquino; gustará además del rock en español, en inglés, en francés, en portugués, en mandarín, en coreano y hasta en tailandés (porque olvidé mencionar que el humanístico es poliglota) y jamás dejará atrás géneros musicales fundamentales en la historia de la humanidad como en tango, la trova, el jazz, el blues y el bosanova . 

No todos los géneros musicales son admitidos por este estudiante, claro que no, él vomitará el reggeaton y a los denominados grupos plásticos (Rbd, la Nueva Banda Timbiriche, Belanova, sólo por citar algunos), sin embargo en secreto sabrá la letra de todas  sus canciones como herramienta para un futuro estudio antropológico. 

El estudiante de humanidades gusta de ver películas, especialmente cine-arte o documentales sobre los problemas en países lejanos, muy pero muy lejanos,  por supuesto que verá “Rudo y Cursi”, incluso como un placer culpable, porque de todas formas Gael ya es un chico Almodóvar, ¿no? Muy selecta es la programación televisiva que él ve, jamás Ventaneando, ni La Oreja, mucho menos los reality shows o los programas de revista, aunque, por algún extraño motivo, conoce la vida y obra de cada artista. ¿Cómo lo sabe? ¿Acaso el humanístico posee poderes especiales que los demás no? Son preguntas que quizá sean respondidas, pero no hoy y no aquí.

Esto nos lleva a sus gustos literarios, el humanístico lee, pero no cualquier cosa, lee lo mejor de lo mejor, lo más selecto de lo selecto. Antes de inscribirse, cuando ha librado todos los exámenes de admisión, es vacunado para que al pisar por primera vez las instalaciones de su escuela desarrolle un repelente hacia autores como Paulo Cohelo o el buen Carlos Trejo.

Debido a su simpatía hacia la onda rastafari y su devoción a San Bob Marley, siempre estará a favor de la legalización de María Juana (mejor conocida como marihuana), de esta manera podrá limpiarla, liarla y consumirla dentro de las instalaciones de su facultad (hay quienes dicen que esto ya ocurre) y pasear por los jardines en un estado de meditación total, mientras procurara estar en armonía consigo mismo y la naturaleza. Los mejores estudios acerca del calentamiento global y algunos cuantos inventos fueron concebidos de esta forma.

Para ser un verdadero humanístico, este estudiante debe de estar en contra de al menos tres de las siguientes cosas:

a)    La iglesia

b)    El gobierno

c)    Las franquicias extranjeras

d)    El idioma inglés

e)    La contaminación ambiental

f)     El maltrato de los animales

g)    La burguesía

h)    Televisa/Tv Azteca

i)      La telefonía celular y el internet

j)      La discriminación en todas sus presentaciones

k)    La delincuencia

l)      El machismo o el feminismo

m)  El fascismo

Su credencial de estudiante le da acceso directo a todas las huelgas, marchas y manifestaciones habidas y por haber, donde demostrará su solidaridad y comprensión al medio que le rodea: que si sube el precio de la gasolina, ahí estará el humanístico; que si la matanza de kril por ballenas en la Antártida, ahí estará el humanístico;  que si los zetas se apoderaron de la piratería local, ahí estará el humanístico; que si un taxista atropelló a un conejo en el Periférico, ahí estará el humanístico, siempre al pie del cañón en asuntos de tanta relevancia, aunque no sepa bien de qué se trata la cosa: todas son expresiones sociales y humanas.

Aunque no todo son plantones y caos, también hay  empresas que se ven beneficiadas con la existencia de estas facultades, es bien sabido que la industria morralera encuentra en ellas la mayor parte de sus ganancias al año; se estima que 9 de cada 10 humanísticos poseen por lo menos un morral, también los concesionarios de máquinas de café y los vendedores de cigarros sueltos perciben ganancias multimillonarias anualmente. Infortunadamente las transnacionales que se encargan de la higiene personal,  como Gillete Prestobarba,  Head & Shoulders, Rexona y Hugo Boss, venden escasos productos a los humanísticos, lo cual las ha llevado al borde de la quiebra.

Así es este estudiante, la mayoría de las veces inofensivo, sin embargo le recomendamos que se mantenga lo más alejado posible de este espécimen: todas sus características se transmiten a las personas normales de manera verbal, y el daño es irreversible.

Amores que matan

                                                                                                                                                                                Dolly Jocelín Segura Bernal

Existen infinidad de amores; los hay por un objeto, por una persona, por una persona que se vuelve objeto, por el arte, al trabajo, el de una madre a su esposo, a su hijo, el amor de un amante, a vivir, amor propio, a la religión, la locura, los celos, el anhelo de tener lo que no podemos y la infinidad de relaciones que en la actualidad se viven, es lo que Rosa Beltrán plasma en su libro que lleva el mismo nombre.

 Rosa Beltrán con su ya conocida narrativa erótica, y su acostumbrado estilo de utilizar frases cortas para ubicar al lector dentro de la lectura, con la infinidad de triángulos, cuadrados y elipsis amorosos, plasma lo que llega a provocar este círculo vicioso de un sentimiento que es muy complejo de evitar, el amor.

Es la recopilación de historias cortas; cada una plasma un distinto amor y deja claro como el ser humano puede llegar  amar demasiado olvidándose de todo. La manera tan peculiar y natural con que se describen las historias, nos hace entrar en ellas  y,  por qué no decirlo, nos hace identificarnos con alguna de éstas. Entre estas historias, una habla del amor de una madre, describe con detalle cómo la madre observa a sus hijos, cómo no les encuentra defecto alguno y de su capacidad de sacrificar sueños o deseos por los ajenos a ella. Su sueño es hacer un viaje familiar para conocer el mar. Se imagina ahí, realizando su sueño pero siempre con su familia. En ese viaje que hace con el pensamiento comienza a ver las necesidades de cada uno de los miembros de su familia: que si a Susana le gusta hacer esto, que si  Juan quiere comer aquello, pero no lo que ella anhela. Lo que ella desea. Representa el silencio de muchas mujeres en la actualidad que para obtener el bienestar de su hogar sacrifican su felicidad individual.

 

En otra de las historias que es una de mis favoritas, se hace honor a la amante (que suele ser tan común hoy en día y a la que siempre se ve como la mala del cuanto), a la imagen de la amante que nunca termina de saciar sus necesidades, sus deseos más mundanos, describe la manera en que se conoció con su amante y cómo, sin sentido alguno, al abrir los ojos estaba dentro de una habitación haciendo el amor con él. Pero aun con lo mucho que disfrutaba nunca tenía conforme a su amante; mientras hacia el amor con él, éste la comparaba con la infinidad de amantes que tenía, ya sea por su color de cabello, por su estructura, quería que gritara de tal manera como lo hacia zutana, que si los gestos que María hacia por qué ella no los hacía, por que no explotaba como Andrea, entre millones de cosas y, aun con todo esto, el pensamiento de ella no era alejarse de su tan afectuoso amante, sino más bien mejorar para que ella fuera la número uno, encontrar la manera para que ella fuera una comparación y no ser la comparada… aunque eso nunca lo lograría pues él nunca estaría conforme con nada de lo que ella le entregara. Es aquí donde vemos que es muy cierto que los amores matan; cada uno a su manera, pero logran hacerlo, no siempre de forma física pero sí en cuanto a lo que somos, anhelamos, deseamos y queremos lograr. Entre celos, venganzas y sueños sin alcanzar es como Rosa Beltrán disfruta escribir de sentimientos que se viven en la actualidad, pero con su negro humor que la caracteriza y dejando que cada individuo como lector le de a sus historias.

 

 

“Noche 69

– ¿Por qué me gusta tanto queme hables de tus antiguas amantes?-mentí

-Por que la carne es la historia- me explico Rex, muy serio-.Aunque esto muy pocos lo entienden

Y luego, acercándose a mi oído me dijo, bajito:

-La carne por la carne no existe.” (1)

La partícula homicida que nos habita

Alda Nelly Rodríguez Salazar

Cuantas veces no hemos escuchado la expresión “¡como me gustaría matarlo!”  sin embargo, el hecho de pronunciarla no significa que lo harás…. o ¿si?

Existen situaciones que nos ponen al límite de nuestras emociones; problemas tanto económicos, familiares y sociales, sin contar el estrés del que somos presas día con día  algunas veces este tipo de situaciones  nos acercan poco a poco a nuestro límite, mientras sentimos cómo nos recorre la sensación de odio y rencor que se apodera de nosotros lentamente.

Según expertos los homicidas carecen de conciencia moral y tienen una mala fe consciente, no es necesariamente agresivo y, a diferencia del criminal, no actúa, sino que hace actuar a otros  suelen conducirse repetitivamente escogiendo a sus víctimas, generalmente, el sujeto carece de introspección acerca de la naturaleza extraña o extravagante que puede adoptar su conducta o sus pensamientos, los que terminan por provocar una grave disfunción social.

El móvil de las muertes suele ser parte de un proceso alucinatorio, de voces que le dan órdenes, o tratan de matar a aquel que en su delirio lo persigue.

Los homicidios premeditados suelen ser muy organizados, cayendo incluso en la perfección de sus actos, y sin dejar rastros que luego suelen ser intencionales para ser el centro de atención de las personas; en cambio el homicida espontáneo no suele premeditar el crimen, es rápido y desorganizado, suele dejar muchos cabos sueltos y es atrapado fácilmente; al parecer cae en un estado de shock que no sabe qué paso y suele arrepentirse después de cometerlo.

Sin embargo este tipo de patrones se ha ido modificando debido a los cambios en la conducta del hombre que por la sociedad se han ido presentando, los estándares de psicología no se adaptan a estos nuevos patrones de conducta, ya que los nuevos homicidios son cometidos por personas del todo sanas mentalmente, sin ninguna paranoia o psicosis, que simplemente fueron víctimas de la situación y del momento; sin embargo, son rechazadas por la realización de estos actos.  La sociedad al levantar el dedo acusador,  no se pone a pensar si dentro de cada uno de nosotros existe una parte que quizás, al enfrentarnos a cualquier problema o situación pueda apoderarse de nosotros  nublarnos la mente y reaccionar . Muchas veces somos víctimas de las circunstancias y pocas veces nos ponemos a analizar , qué hubiéramos hecho nosotros en esa situación, quizás hubiéramos actuado con más saña y frialdad al toparnos con ese tipo de problemas, que quizás por más frialdad que querríamos mantener, seríamos presas de la ira, el enojo … tal vez es cierta la frase “todos somos posibles homicidas”, para qué esperar que el otro de el primer golpe, si te le puedes adelantar.

Diversidad sexual

Jesús Alejandro Lárraga Rubert

 

El amor es una fuerza creadora, la capacidad de amar es innata y se encuentra en  todos los seres humanos; por lo tanto, hombres y mujeres, ya sean heterosexuales, homosexuales o bisexuales, tienen la capacidad de amar. Ciertamente las relaciones heterosexuales gozan de una libertad para expresar el cariño, pero hasta cierto punto, pues la misma sociedad que acepta este tipo de relación, la mantiene bajo una sorprendente presión, pues debe seguir reglas preestablecidas para disfrutar de la relación (estatus social, nivel económico, raza, religión, educación, etcétera). ¿Pero qué sucede con el otro lado de la moneda, con aquellas relaciones que se ocultan o bien se exponen deliberadamente tratando de conseguir un espacio en la sociedad?

 

Si bien en la mayoría de las culturas se ha expresado la homosexualidad o la bisexualidad, no en todas han sido aceptadas; por ejemplo, en la antigua Grecia la homosexualidad era aceptada hasta cierto punto, y tenía explicación en la mitología (cuando Zeus tuvo una aventura con un joven llamado Ganímedes, que después pasó a ser  su copero y Zeus lo convirtió en la constelación de Acuario), y con ella se “educaba” al púber para una relación futura con una mujer, es decir, un adulto denominado Erasta mantenía un amorío con un joven mancebo denominado Erómeno. Esta relación terminaba cuando el joven alcanzaba la mayoría de edad. Sin embargo, el lesbianismo no era aceptado, era rechazado totalmente y sólo algunas mujeres  aristocráticas o adineradas  realizaban esta práctica; Safo de lesbos (de ahí el termino lesbiana) fue una de estas mujeres. Incluso en Roma, donde muchos de los placeres carnales fueron permitidos, la diversidad sexual fue un tabú. Si bien la mayoría de la población que practicaba relaciones homo/bisexuales, no se exponían abiertamente, un ejemplo podría ser lo sucedido con Heliogábalo o Marco Aurelio Antonino (204- 222 D.C.), quien fue un emperador Romano, asesinado por sus centuriones cansados de la excéntrica forma de vida, pues este joven tenía la costumbre de travestirse en las noches y dar servicio en prostíbulos; además trató de operarse, y se casó con un hombre llamado Heracles, y no conforme con esto se le ocurrió abdicar a su favor y ponerlo al mando del imperio para convertirse, él mismo, en emperatriz. Como éstos hay varios ejemplos, tenemos a Sodoma (de ahí sodomita, otro término para homosexual) y Gomorra, ciudades que fueron destruidas por designio de Dios; la inquisición juzgó y sentenció a muerte (además de judíos y musulmanes, o supuestas brujas) a algunos hombres homosexuales por no seguir las normas de Dios.

        En la actualidad aún existe rechazo por parte de la sociedad hacia las tendencias homo/bisexuales, aunque hay una mayor tolerancia y se han dado nuevos enfoques al tema de la diversidad; por ejemplo, la del  teólogo  Ricardo Zimbrón Levy, que en su libro Nuevos enfoques sobre la homosexualidad, de una manera sencilla busca la orientación NO condenada de la conducta homosexual, a través de enfoques teológicos, biológicos, sociales y psicológicos.

        Actualmente la homosexualidad no es una enfermedad, ni tiene cura, aunque aún se investigan los motivos y causas de este fenómeno; incluso existen instituciones de ayuda al homosexual y a los familiares para convivir y tolerar la esta conducta, pero aún persiste la intolerancia que a veces llega hasta la violencia física e incluso hasta el asesinato. Además de los constantes rechazos a los que se enfrenta la persona homosexual, también debe afrontar todos los peligros que conlleva aceptarse, como son la violencia física, psicológica y espiritual, abuso de autoridad, violación, corrupción de menores, etcétera. Sin embargo, en algunos países ya se realizan estudios para legalizar los matrimonios y adopciones por parte de homosexuales, todo esto gracias a la lucha de varias generaciones interesadas en obtener un lugar en la sociedad, puesto que al ser seres humanos, todos tenemos derechos iguales y ante Dios no hay distinción.

 

Bibliografía:

Zumbón Levy, Ricardo “Nuevos enfoques de la homosexualidad”

La incongruencia en las películas holocáusticas gore

Lucero Adalí Hernández Malerva

 

Zombies, infectados, canibalismo gráfico, sobrevivir para ver el holocausto, el Apocalipsis, el fin del mundo… eso es lo que verdaderamente causa terror. Como en mi caso, seguramente habrá quienes nunca hayan visto un fantasma, un extraterrestre o un vampiro, pero nadie nos asegura que un kilómetro debajo de nuestras casas la corporación Umbrella no acaba de desarrollar un virus mortal. Sin embargo, cada vez que vemos una de estas películas gore podemos dormir gracias a que hay en ellas ciertos detalles acerca de los virus que es importante analizar.

 

Así quedan después del virus T

Así quedan después del virus T en Resident Evil

            En la saga de Resident evil, ¿el virus revive a los muertos? Incluso con la ilustrativa explicación que da la Reina Roja en la primera película es un poco dudoso que algún día sea posible, y ya no digamos que además de revivir recuperen la inteligencia, como intentaron sugerirnos en Extinction; si se supone que su único objetivo es comer, ¿cómo es que no se comen entre ellos? En una escena muestran a J.D. siendo capturado por zombies y más adelante el hombre ya está infectado pero curiosamente no le arrancaron ni un bocado. Aparte, si los humanos zombies eran torpes, ¿por qué los doberman no? Aunque el terror psicológico es bueno, estos detalles logran disminuir la angustia si se analizan con cuidado.

 

Zombie de 28 días después

Zombie de 28 días después

En 28 days later hay otra pequeña incongruencia cuando muestran a los infectados capaces de correr pero poco habilidosos y en 28 weeks later muestran a otros de la misma etapa de infección pero capaces de romper trancas de madera y lo suficientemente inteligente para abrir puertas. Por otro lado, en la primera película parecía que lo que querían era comer, pero en la segunda se comprueba que sólo tienen una imperial necesidad de destruir sanguinariamente a cualquier otro humano y, sea cual sea el objetivo de su rabia, nuevamente me pregunto, ¿por qué no se comían o destruían entre ellos? Por otra parte, ¿cuál es la causa que los hace vomitar sin control grandes cantidades de sangre y por qué, aún así, no terminan débiles o mueren desangrados en poco tiempo? Aunque de las películas de infectados esta es una de las que más asustan, el virus no termina de ser perfecto: tenían demasiado interés, aunque descuidado, porque el virus fuera altamente contagioso y se dispersara con una mucha rapidez.

 

 

Muchos zombies en The dawn of the dead

Muchos infectados inexplicablemente en The dawn of the dead

En The dawn of the dead no se explica de dónde surgió el virus, pero eso no es lo importante: ¿alguien puede explicar cuál es el sentido de que los infectados no ataquen al perro? Eso llega al borde de la incoherencia en la construcción de los virus porque tal vez en las dos películas anteriores podrían argumentar que los zombies o infectados sólo deseaban atacar la carne fresca y caliente, y que incluso los doberman no atacaban a los humanos zombies y viceversa porque los identificaban por el olor, pero aquí esa justificación no tiene efecto porque el perro estaba completamente sano. Esta es una de las películas de zombies e infectados que menos bases contundentes tiene.  

I am legend, a la izquierda el líder de los infectados y a la derecha el doctor Neville

Por ultimo, I am legend no habla de zombies pero sí de infectados, aunque en la película se desacredita la idea original de los vampiros. Realmente está bien manejada y no se encuentran muchas incoherencias referentes al virus, lo único que puede criticarse al respecto es la vida post-holocáustica. ¿Cómo diablos Neville construyó su propio laboratorio súper equipado?, ¿por qué tenía agua corriente, energía eléctrica, gas y todos los servicios necesarios para darse la gran vida que llevaba? No, no, tampoco acaba de convencer.

Aunque no son estas todas las películas que existen en el mercado acerca de zombies e infectados, estas son las más populares y con el análisis de sus incongruencias podemos concluir que aún no existe el virus perfecto, así que todavía podemos dormir tranquilos.