¿Dónde pongo lo hallado?

Dónde pongo lo hallado                                                                                                                           en las calles, los libros, las noches,                                                                                                                     los rostros en que te he buscado.

Silvio Rodríguez

 

Dónde encontramos el pasado, el futuro, las letras anteriores, el principio… Lo cierto es que nos encontramos en una base invisible equidistante tanto del pasado como del futuro, es decir, en ninguna parte, porque ahora ya no es más ahora, sino la escritura de hace unas palabras.

A lo que damos la categoría de realidad no es más que un pacto con nosotros mismos para no perdernos en la locura de llegar a la conclusión de que sólo creemos, mas no sabemos lo que es real. Y es que para qué carcomernos los sesos al buscar un conocimiento utópico de semejante magnitud, si es más cómodo acertar a desarrollarnos en un constructo convencionalizado de irrealidades conversas a realidad. Porque “no lo sé de cierto, lo supongo”[1].

Desventurado (o bien aventurado, depende de como lo queramos ver) el ser humano, que es finito e infinito en esencia; su cuerpo nunca será libre, porque se encuentra anclado a los límites de las dimensiones físicas[2], pero sus ideas no tienen dimensiones definidas, por ello su libertad intrínseca.

Como para hacerle culto a nuestro sistema sensorial, el ser humano ha creado más existencias que se asemejen a la física suya, desde utensilios de necesidad vital, hasta obras de arte (en la mayoría de las ocasiones —o siempre—, también necesidades vitales). Porque ¿cómo no crear una filia a partir de las tensiones nerviosas que provocan lo sublime, lo extraño, lo sentido, en fin, todo lo deleitable?

Tal vez, la melancolía de darse cuenta que todo aquello que ha cautivado las distintas formas de sentir del humano, sea la que le lleva a la creación. Es decir, a crear, para  poder poseer al fin, para acceder a sentir al menos otro segundo.

LILIA ÁVALOS

 

 


[1] Tomado del poema Yo no lo sé de cierto de Jaime Sabines.

[2] De forma personal, considero que la libertad del cuerpo se  obtiene sólo con el orgasmo. Pero lo sexual no es tema central del presente escrito, o más bien, si se mencionara en el cuerpo del texto se convertiría en el tema central, y por ello prefiero dejar la idea sólo como nota al pie.

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