El poder menguado

Alejandro Ramírez Gallegos

 

Se dice tradicionalmente que la prensa es el cuarto poder. Ello se debe, según Lorenzo Gomis, a que ésta influye en la sociedad  y al hablar de poder refleja un poco el difuso temor que los medios inspiran. Un tanto cuanto más ambicioso se muestra Froylán M. López en el prólogo del “Manual de periodismo”, de Vicente Leñero y Carlos Marín, al señalar que el periodismo es ejercicio y lucha social. La objetividad, agrega, “es definición, explicación o implicitación de los credos o descreencias del presente y del destino de las sociedades”. Asume al periodismo como estimulante, no sedante, del cambio social y hasta asegura que es clave de su posición política.

En “El estilo del periodista”, Álex Grijelmo cita a Julio Alonso, escritor del prólogo del “Manual de estilo del diario El País”, de España y quien expone que para el caso de aquel país, en la actualidad se puede abusar del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sin infringir la ley. Esta premisa es válida también para el México actual. Lamentablemente también compartimos la siguiente observación: “De vez en cuando la prensa ofrece ejemplos que demuestran cómo el periodista puede ser puesto al servicio de intereses ajenos a los lectores; cómo se desarrollan a la luz pública campañas de opinión que responden a oscuras pugnas financieras o mercantiles; cómo a veces la caza y captura de ciudadanos se disfraza de periodismo de investigación”. Advierte, además, que  convertir a los medios de comunicación en armas de tráfico de influencias al servicio de intereses que se declaran es una práctica de abuso que crece a la sombra de la libertad.

Sin embargo, considera M. López, junto a la subordinación de los intereses mercantiles de la prensa,  existe una entidad, una realidad social y profesional, intencional y moral, llamada propósito periodístico y cuyo objetivo deben tener muy en cuenta los profesionales de esta actividad. La razón del periodismo y del periodista debe ser autónoma y debe ser la que determine las reglas de su trabajo informativo.

Al asumirse como Cuarto Poder, la prensa se concibió a sí misma como una institución y debido a ello no ha escapado de la degradación institucional que desde hace años sufren éstas ante los ojos de la ciudadanía.

Para Gomis, el poder de la prensa depende de su grado de influencia y esta, a la vez, depende directamente de la veracidad de la que goce algún medio en cuestión. Para definir el término influencia, Gomis cita a Talcot Parson, quien en 1967 estableció que la influencia es una manera de provocar un efecto en las actitudes y opiniones de otros a través de sus intenciones de actuar.

Señala que la prensa y en general los medios de comunicación tratan de influir en las ideas y creencias de sus receptores y ello sólo se puede medir a través de opiniones que ésos hagan en retroalimentación a la información que les proporcionan los medios.

Asegura que el periodismo no logra influir en sus receptores más allá de la medida en que éstos deseen ser influidos por dicho medio. Es decir, por citar un ejemplo, un lector de noticias no cambia su modo de ver la realidad sólo por el hecho de consumir un determinado producto informativo, sino al revés, busca un medio informativo que se ajuste a su manera de ver la situación para reforzar sus propias posturas.

De esta manera es como llegamos a la conclusión de que el llamado poder de los medios depende en gran medida de que se ajuste a las creencias de la mayoría de sus consumidores y comparta sus intereses y valores.

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Una respuesta

  1. De esta manera es como llegamos a la conclusión de que el llamado poder de los medios depende en gran medida de que se ajuste a las creencias de la mayoría de sus consumidores y comparta sus intereses y valores.

    Estoy de acuerdo. 😀 De hecho, algo así pasó con todo el drama de las elecciones de 2006. Si un periodista ya no le iba al Peje (¿que los periodistas no tienen derecho de decepcionarse de los políticos, como todo mundo?), los pejistas salían y decían que era un vendido o que los había decepcionado, NO cambiaban su opinión influídos por la del periodista al que tanto respetaban antes.

    Igual… Yo sí creo que tienen cierto poder de convencimiento. Basta ver cómo les cree la gente a Javier a la Torre y López Dóriga, y opinan como ellos y todo… x(

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