La partícula homicida que nos habita

Alda Nelly Rodríguez Salazar

Cuantas veces no hemos escuchado la expresión “¡como me gustaría matarlo!”  sin embargo, el hecho de pronunciarla no significa que lo harás…. o ¿si?

Existen situaciones que nos ponen al límite de nuestras emociones; problemas tanto económicos, familiares y sociales, sin contar el estrés del que somos presas día con día  algunas veces este tipo de situaciones  nos acercan poco a poco a nuestro límite, mientras sentimos cómo nos recorre la sensación de odio y rencor que se apodera de nosotros lentamente.

Según expertos los homicidas carecen de conciencia moral y tienen una mala fe consciente, no es necesariamente agresivo y, a diferencia del criminal, no actúa, sino que hace actuar a otros  suelen conducirse repetitivamente escogiendo a sus víctimas, generalmente, el sujeto carece de introspección acerca de la naturaleza extraña o extravagante que puede adoptar su conducta o sus pensamientos, los que terminan por provocar una grave disfunción social.

El móvil de las muertes suele ser parte de un proceso alucinatorio, de voces que le dan órdenes, o tratan de matar a aquel que en su delirio lo persigue.

Los homicidios premeditados suelen ser muy organizados, cayendo incluso en la perfección de sus actos, y sin dejar rastros que luego suelen ser intencionales para ser el centro de atención de las personas; en cambio el homicida espontáneo no suele premeditar el crimen, es rápido y desorganizado, suele dejar muchos cabos sueltos y es atrapado fácilmente; al parecer cae en un estado de shock que no sabe qué paso y suele arrepentirse después de cometerlo.

Sin embargo este tipo de patrones se ha ido modificando debido a los cambios en la conducta del hombre que por la sociedad se han ido presentando, los estándares de psicología no se adaptan a estos nuevos patrones de conducta, ya que los nuevos homicidios son cometidos por personas del todo sanas mentalmente, sin ninguna paranoia o psicosis, que simplemente fueron víctimas de la situación y del momento; sin embargo, son rechazadas por la realización de estos actos.  La sociedad al levantar el dedo acusador,  no se pone a pensar si dentro de cada uno de nosotros existe una parte que quizás, al enfrentarnos a cualquier problema o situación pueda apoderarse de nosotros  nublarnos la mente y reaccionar . Muchas veces somos víctimas de las circunstancias y pocas veces nos ponemos a analizar , qué hubiéramos hecho nosotros en esa situación, quizás hubiéramos actuado con más saña y frialdad al toparnos con ese tipo de problemas, que quizás por más frialdad que querríamos mantener, seríamos presas de la ira, el enojo … tal vez es cierta la frase “todos somos posibles homicidas”, para qué esperar que el otro de el primer golpe, si te le puedes adelantar.

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