Emma Zúnz y el cuerpo de la venganza

            Nayeli Yael González

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta, verdadero era el tono de Emma Zúnz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

 

Una historia increíble, esa es la historia de Emma Zúnz, no la de Borges, sino la que Emma le cuenta a la policía. El cuento relata el minucioso orden en el que Emma tuvo que efectuar los hechos para llegar a la muerte de Loewenthal, Aarón Loewenthal.

Para tener un móvil que justifique el hecho, Emma se acuesta con un desconocido, para que la policía crea que ha sido violada por el hombre que acaba de matar; para vengarse, Emma debe ser humillada. Sin embargo ocurre algo interesante Emma se entrega al marinero y entonces la venganza de su padre es opacada por un recuerdo más atormentador aún, “su padre le había hecho a su madre, la cosa horrible que a ella ahora le hacían” (Borges, 2007,73). De esta manera, Emma Zúnz venga a su padre sometiéndose a un acto violentamente repugnante que resulta igual al que su padre ejecutó en su madre veinte años atrás.

Antes del marinero, Emma no había estado con ningún hombre, “En abril cumpliría 19 años, pero los hombre le inspiraban, aún, un temor casi patológico” (Borges, 2007,70). Lo que intensifica la dimensión del sacrificio por el padre muerto.

Emma necesita una prueba de que lo que ha planeado, desde el seis de enero, será ejecutado tal y como se lo dirá a la policía, después de la muerte de Loewenthal recoge en su cuerpo lo que presentará ante todos como violación.

Ella elige al marinero, un extranjero que esa misma noche deje la ciudad, para que haga verosímil la calculada y fría venganza tramada por Emma, pero ocurre que el motivo que lleva a Emma a buscar al marinero es desplazado por un motivo secundario. Emma, después del encuentro sexual, ya no piensa en el suicidio del padre del que culpa a Loewenthal, ahora lo quiere matar por “la cosa horrible” de la que ella misma fue víctima: “Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello” (Borges, 2007:75).

El suicidio de Emmanuel Zúnz había llevado a Emma a decidir vengarse, a entregar  su cuerpo a un desconocido, para justificar el asesinato; pero después, fue la misma entrega la que la obligó a ejecutar, hasta el final, la venganza, “no podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra” (Borges, 2007,75).

Emma ya no actúa como la hija, sino como la mujer, la venganza se bifurca, Emma quiere vengar la traición a su padre en 1916 y el ultraje padecido en 1922.

Consumada la venganza, después de tomar el revólver y apretar el gatillo dos veces y ver “el considerable cuerpo desplomarse como si los estampidos y el humo lo hubieran roto” (Borges, 2007,75) aún después de ese momento, Emma creía todo lo ocurrido como una cosa increíble “Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…” (Borges, 2007,76).

Emma había vengado la muerte de su padre y no la podían castigar; porque a pesar de todo, era cierto; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

¿Dónde pongo lo hallado?

Dónde pongo lo hallado                                                                                                                           en las calles, los libros, las noches,                                                                                                                     los rostros en que te he buscado.

Silvio Rodríguez

 

Dónde encontramos el pasado, el futuro, las letras anteriores, el principio… Lo cierto es que nos encontramos en una base invisible equidistante tanto del pasado como del futuro, es decir, en ninguna parte, porque ahora ya no es más ahora, sino la escritura de hace unas palabras.

A lo que damos la categoría de realidad no es más que un pacto con nosotros mismos para no perdernos en la locura de llegar a la conclusión de que sólo creemos, mas no sabemos lo que es real. Y es que para qué carcomernos los sesos al buscar un conocimiento utópico de semejante magnitud, si es más cómodo acertar a desarrollarnos en un constructo convencionalizado de irrealidades conversas a realidad. Porque “no lo sé de cierto, lo supongo”[1].

Desventurado (o bien aventurado, depende de como lo queramos ver) el ser humano, que es finito e infinito en esencia; su cuerpo nunca será libre, porque se encuentra anclado a los límites de las dimensiones físicas[2], pero sus ideas no tienen dimensiones definidas, por ello su libertad intrínseca.

Como para hacerle culto a nuestro sistema sensorial, el ser humano ha creado más existencias que se asemejen a la física suya, desde utensilios de necesidad vital, hasta obras de arte (en la mayoría de las ocasiones —o siempre—, también necesidades vitales). Porque ¿cómo no crear una filia a partir de las tensiones nerviosas que provocan lo sublime, lo extraño, lo sentido, en fin, todo lo deleitable?

Tal vez, la melancolía de darse cuenta que todo aquello que ha cautivado las distintas formas de sentir del humano, sea la que le lleva a la creación. Es decir, a crear, para  poder poseer al fin, para acceder a sentir al menos otro segundo.

LILIA ÁVALOS

 

 


[1] Tomado del poema Yo no lo sé de cierto de Jaime Sabines.

[2] De forma personal, considero que la libertad del cuerpo se  obtiene sólo con el orgasmo. Pero lo sexual no es tema central del presente escrito, o más bien, si se mencionara en el cuerpo del texto se convertiría en el tema central, y por ello prefiero dejar la idea sólo como nota al pie.

Mishima Yukio

 

María Guadalupe Elías Arriaga

Mi primer contacto con Mishima Yukio ocurrió hace más de un año, cuando una amiga me recomendó y prestó una de sus novelas, El rumor del oleaje. El tema principal de la novela es una historia de amor entre dos jóvenes de distintas clases sociales, situada en una aldea pesquera y conservadora de la isla de Utajima, Japón. A pesar de que el tema es tan común en la literatura que ya resulta poco atractivo, Mishima logró una novela magnífica, desde las exactas descripciones geográficas y de las actividades del pueblo hasta el desarrollo de la historia y los personajes. Además de la historia de amor sencilla y bella, diferente de los amores un tanto sadomasoquistas que plantea Mishima en otras de sus obras, la novela aborda otros temas, como la idiosincrasia del japonés, la influencia del ambiente en la vida cotidiana de las personas, el crecimiento, la muerte.

            Es, en efecto, el tema de la muerte muy característico de Mishima, e impregna las páginas de otra de sus más famosas novelas, Confesiones de una máscara, que escribió cuando contaba con 23 años de edad. Confesiones de una máscara está escrita en la tradición japonesa del shishosetsu, o yo-ficción, un tipo de relato autobiográfico de diversa extensión que fue muy popular en las primeras décadas del siglo XX. A lo largo de la novela, el protagonista realiza un análisis riguroso de su persona, nos ofrece los momentos de su vida desde dentro y desde fuera, contrasta siempre esa máscara que hizo de sí mismo para aparecer ante la sociedad con su verdadero yo, tan distinto, pero a quien al final le fue incapaz engañar.

            Otra de sus destacadas novelas, que también fue escrita en su juventud, es Sed de amor. En ella, una joven viuda es consumida por la pasión que siente por un sirviente de la casa de los parientes de su difunto esposo, con quienes vive. El deseo, el hastío, la soledad, la pasión y la frustración rezuman en la historia, y el amor quizá un poco sádico de Etsuko, la protagonista, por Saburo se acerca un poco a las fantasías descritas a detalle por  Mishima en Confesiones de una máscara. Sed de amor, sin embargo, se aleja de la tradición del shishosetsu, a pesar de que los críticos consideraban que era la línea por la que Mishima continuaría su literatura.

            Además de estas tres novelas, he tenido la oportunidad de leer algunos cuentos que se encuentran en una biblioteca en línea, donde Mishima demuestra el excelente narrador que es y la flexibilidad que tiene para saltar un género a otro. Es famoso también por escribir obras para teatro nô y por sus ensayos. Otra de sus novelas más conocidas, y que aún no he podido leer, es El pabellón de oro, donde relata la histórica destrucción del famoso templo Kinkakuji, en Kioto, cuyos ochocientos años de antigüedad ardieron bajo las llamas provocadas por un monje budista.

            Su obra más famosa es, sin embargo, la tetralogía de El mar de la fertilidad, compuesta por las novelas Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel. Mishima terminó la última de ellas poco antes de su muerte, y la envió a su editor la mañana del mismo día en que se suicidó. Su suicidio, tan famoso y comentado, hace que cualquiera se interese en la personalidad tan fascinante de Mishima: un conservador japonés que creía firmemente en el poder del emperador, un niño débil que creció para fortalecer su cuerpo y practicar artes marciales, un guerrero frustrado ante la pérdida de valores y vacío espiritual del Japón de la posguerra…

            Kawabata Yasunari, premio Nobel de literatura y mentor y promotor de Mishima, lo consideraba más merecedor del galardón que él mismo y un genio literario que produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Mishima goza de gran fama en Japón y en el mundo, aunque durante un tiempo el hecho de que fuera un conservador pareció frenar el interés de los críticos no japoneses por Mishima. El rumor del oleaje ha sido adaptada en más de una ocasión al cine, y El pabellón de oro también ha llegado a la pantalla grande. Según me comenta una amiga japonesa, sin embargo, hoy en día no es muy común que los jóvenes se interesen por autores como Mishima o el propio Kawabata. Parecen estar más interesados en otro tipo de autores y géneros, como el keitai shosetsu, novelas publicadas por entregas que pueden ser recibidas y leídas en los sofisticados teléfonos celulares de sus subscriptores.

            Pero sin tomar en cuenta su mucha o poca popularidad, Mishima es un autor fascinante, cuyas obras son hermosas e interesantes. Su prosa es pulida, su habilidad como narrador es indiscutible y la profundidad con que maneja sus temas encanta y deleita a sus lectores. Aquel que se interese en leerlo en español, encontrará que sus obras han empezado a ser publicadas en los últimos años por diversas editoriales, como Espasa, Emecé, Caralt, Siruela y Alianza.

A little bird

                                                                                                                                                 Amanda Cárdenas

 

Baja, baja pequeño Henry Lee,
y quédate conmigo toda la noche.
No encontrarás a otra chica en éste maldito mundo, que se pueda comparar a mí.

Nick Cave

pjharveycave

Yo no sabía quién era Henry Lee hasta que un amigo apasionado de la música de Nick Cave, me envió un video en el que él canta junto a PJ Harvey, una mujer de voz extraordinaria, un tema titulado Henry Lee. Me dijo que me encantaría y quedaría impresionada por el poder interpretativo que tienen ellos dos juntos. Y una tarde desde youtube, me llegaron las tristísimas notas de un piano, y la voz ronca y oscura de PJ Harvey junto a la tenebrosa, pero acogedora voz de Nick Cave. No entendí la letra hasta mucho después, pensé que con una canción tan hermosa, Henry Lee debería ser un personaje transcendental, alguien cuya vida debió ser tan admirable y triste que pudo inspirar tantas cosas bellas como la canción.

Pero el tema Henry Lee viene compilado en un álbum de Nick Cave titulado Murder Ballads.

Henry Lee Lucas nació en Virginia, Estados Unidos en 1936. Es uno de los más controvertidos asesinos seriales en Norteamérica, y su caso presentó un reto para el sistema legal de dicho país, ya que nunca hubo pruebas suficientes de todos sus crímenes.            

Se le atribuyen alrededor de 600 asesinatos en un poco más de veinte estados de la unión americana. Actualmente se afirma que la policía quiso atribuirle crímenes que no estaban resueltos, de los que Henry Lee aceptó gustoso hacerse responsable.

 

Cuando se habla de un asesino serial, siempre giran en torno a él interrogantes sobre cuáles fueron las causas que lo orillan a cometer tantos crímenes. Siempre será la infancia el punto desde que se partirá para tratar de entender qué ocasionó ese click en ellos. Bien que si es verdad que todos venimos al mundo como una página en blanco y conforme crecemos se forma todo nuestro carácter al asimilar lo que nuestro entorno nos ofrece, en el caso de los asesinos seriales ¿nacen o se hacen?

El medio ambiente como factor no explica por sí solo la aparición de la conducta criminal. Y aunque tampoco se puede afirmar que exista un gen que desarrolle esa conducta, sí hay ciertas tendencias genéticas que la predisponen.

El asesinato serial es un tipo de homicidio muy específico.  Según el doctor Egger, se habla de un asesino serial, cuando uno o más individuos (hombres en la mayoría de los casos) cometen mínimo tres asesinatos, de los cuales, ninguno de ellos tiene conexión con el otro. Existe un periodo largo de tiempo entre los crímenes que se cometieron, inclusive en distintas áreas geográficas. El motivo del asesinato no es para obtener ganancias materiales, sino por el deseo del asesino de ejercer algún tipo de poder y sometimiento sobre sus víctimas. Éstas tienen algún valor “simbólico” para ellos, de aquí que los asesinos desarrollen un método específico para asesinar y que elijan víctimas vulnerables.

El término de serial killer se comenzó a utilizar hasta principios de los años setenta, y actualmente se estima que un poco más del 70% de los asesinos seriales se encuentran es Estados Unidos.

La historia de Henry Lee siempre estuvo llena de desventajas, marcada siempre de pobreza, violencia familiar, abandono y un fuerte sentimiento de inferioridad. Creció con una madre alcohólica que además era prostituta. Su padre también alcohólico, perdió las dos piernas al ser arrollado por un tren, y mucho después murió de pulmonía. Tenía otros nueve hermanos que no vivían con ellos, se encontraban en orfanatos y en casas de familiares lejanos. Henry creció con sus dos padres, siendo víctima del abuso físico y verbal de su madre. Ella nunca se interesó por su educación y Henry nunca terminó la primaria. El breve periodo de tiempo que asistió a la escuela su madre lo enviaba descalzo o vestido de mujer, y al final terminó por prohibirle que asistiera.

Durante su infancia siempre fue testigo de los encuentros sexuales de la madre con sus clientes, y así como uno de ellos fue el que lo introdujo al bestialismo y la zoofilia, fue otro de ellos quien le salvó en una ocasión la vida. Jugando con un hermano se clavó accidentalmente una navaja en el ojo,  su madre se negó a llevarlo al hospital y dejó a Henry tirado en el suelo casi inconsciente durante tres días. Fue ese cliente el que lo llevó al doctor. Henry perdió el ojo que después le fue remplazado por uno de vidrio, de ahí el párpado caído que siempre lo caracterizó. Después de este incidente, Henry Lee sufrió dolores de cabeza y ataques durante muchos años.

La infancia es el punto clave que define el carácter y la personalidad del ser humano, y en el caso de los asesinos seriales, su niñez y el ambiente en que crecieron pueden fijar las pautas que los orillan más adelante a cometer atrocidades. Los casos de los asesinos seriales que se han estudiado, presentan ciertas características similares. Los estudios proponen una serie situaciones que rigen su conducta y que son los detonadores de su comportamiento violento. El Dr. Steven Egger, Profesor de Criminología de la Universidad de Houston, Texas,  menciona una serie de causales como el abuso infantil, causas genéticas, desequilibrio químico-mental, daño cerebral, padecimiento de injusticia social y la exposición a eventos traumáticos. Aunque muchos seres humanos padecen algunas de estas características, no se convierten en asesinos seriales. Especialistas llegan a la conclusión de que los asesinos carecen de una barrera segura como lo es un cierto tipo de moral que impide que se comporten violentamente.

 

Henry Lee pasó la mayor parte de su adolescencia en centros correccionales. En 1954 lo arrestaron por robo y lo condenaron a seis años de prisión, pero escapó dos años después huyendo a casa de su hermana en Michigan. Y después de que lo atraparon y lo sentenciaron y volvió a escapar, se quedó definitivamente con su hermana.

Su madre le llamaba seguido por teléfono para pedirle que volviera a Virgina con ella, pero él siempre se negó, hasta que un día la madre fue a buscarlo. En un estado en el que ambos estaban alcoholizados, comenzaron a pelear y la madre comenzó a golpearlo de nuevo, pero Henry Lee la acuchilló. En su declaración, Henry dijo que no se había dado cuenta de que la navaja que traía en la mano estaba abierta, y confesó después que había tenido relaciones sexuales con el cadáver de su madre. 

Cuando fue a juicio, él se mostró siempre frío y sin remordimientos. Los abogados encargados de su defensa, quisieron ganarse la simpatía del jurado narrando la terrible infancia de Henry y el abuso por parte de la madre. Y aunque algunos de sus hermanos atestiguaron a su favor, el jurado falló en su contra.

Cumplió su sentencia en el penal de Jackson en Michigan. Intentó suicidarse dos veces y fue transferido a una clínica psiquiátrica donde recibió libertad condicional después de diez años. Después de que intentó secuestrar a dos jóvenes, lo volvieron a recluir hasta 1979 y volvió a salir libre a los treinta y nueve años de edad.

Después de un tiempo, conoce a Ottis Toole, otro asesino en serie con quien estableció casi inmediatamente un fuerte lazo de amistad, y con quien viajó por varios estos de Norteamérica. Se fueron a vivir a Florida con la madre y la sobrina de Ottis, una niña de casi quince años llamada Becky. La Becky de Henry Lee.

Henry comenzó a trabajar y junto a ella encontró algo de estabilidad. Al morir la madre de Ottis, los echan de la casa en que vivían y aunque Henry y Ottis se separan, Becky permanece junto a Henry. Esta pareja de una notable diferencia de edad, viajó buscando trabajo por varios estados. Una anciana en Texas les da hospedaje en su casa a cambio de trabajo. Al poco tiempo, Becky quiere volver a Florida porque extraña a su familia, pero Henry se niega. Después lo convence y en el camino de vuelta a casa, tienen una pelea en la que Henry termina acuchillando a Becky. Después de tener relaciones sexuales con el cadáver, la corta en pequeñas partes y la sepulta en una pradera cerca de la carretera.

 

La historia de Henry Lee, continúa. Cuando reportan a Becky desaparecida, la anciana que anteriormente los había hospedado, declara sus sospechas hacia Henry Lee. Él vuelve a buscarla y la asesina para que no pueda declarar en su contra. Es detenido y comienza para Henry una larga vida tras las rejas, en la que uno a uno confiesa todos sus crímenes e incluso, colabora con la policía para cerrar casos jamás resueltos. Al poco tiempo, la policía y los medios ponen sus miradas sobre él, situación que le resultó muy placentera ya que nunca en su vida había recibido tanta atención; tenía celda propia y le proporcionaban todo lo que pedía, desde cigarrillos, hamburguesas, malteadas o una televisión. En este escenario, confiesa crímenes que incluso él no cometió. Pasó de ser un asesino serial a un mentiroso serial.

Hasta el momento no se sabe exactamente si es responsable del total de los crímenes que se le atribuyen. Henry Lee pasó casi toda su vida tras las rejas, y en sus últimos años de vida fue un prisionero ejemplar. En Marzo del 2001 muere de un fallo en el corazón.

Hay ciertos ciclos de violencia que se repiten, comienza por los padres que abusan de sus hijos física o psicológicamente, esto afecta su desarrollo y su crecimiento, y ellos más adelante para resolver cualquier problema personal acudirán en primer lugar a la violencia y atacarán al más débil.

Muchas personas crecen en ambientes marginales y de violencia, y no se convierten en asesinos. El ambiente no es un factor decisivo para dar pie a conductas criminales. Existen también las pruebas de que el sistema nervioso de un asesino serial o de un psicópata es distinto, y este es un factor que sí es decisivo para el desarrollo del asesino serial. Por ejemplo un patrón anormal de ondas cerebrales que afecta las áreas que controlan la memoria y las emociones, y que además si su desarrollo no es normal debido a causas genéticas y en el niño hay abuso por parte de sus padres, uno puede imaginarse el resultado.

¿Entonces quién es el culpable? No podemos juzgar a nadie, sobre todo si es su propia naturaleza la causa. ¿Será cierto que se puede ser asesino por naturaleza?

Eliott Leyton el antropólogo social canadiense experto en asesinato serial, opina que este tipo de asesinato surge a partir de las ciudades industriales del siglo XIX; ciudades asfixiantes, donde hay una gran cantidad de marginados. En el siglo XIX los científicos dejan de culpar al demonio de las conductas destructivas de los humanos.

En Natural born killers de Oliver Stone, entrevistan al personaje de Mickey Knox, quien junto a su  novia, asesinaron en tres semanas a cincuenta y dos personas. El reportero le pregunta cuándo fue que comenzó a pensar en matar, a lo que él responde: “Al nacer. Caí en un pozo de mierda olvidado por Dios. Nací de la violencia. Estaba en mi sangre, mi papá la tenía, su papá la tenía. Era mi destino”.  El periodista lo enfrenta y le responde que nadie nace malo, es algo que se aprende. Ese diálogo desde la prisión es el punto de vista del personaje que se autodefine como un asesino por naturaleza. “El lobo no sabe que es un lobo, Dios lo hizo así”.

Todos tenemos algo de asesinos, es una teoría. Sólo que lo llamamos de distinta forma. Mickey Knox habla de una cadena. Las criaturas de la creación asesinan de una forma o de otra, en el bosque una especie mata a otra; y los humanos además de matar a todas las especies también matan al bosque, “sólo que nosotros le llamamos industria”.

En la historia de Henry Lee, queda muy claro lo difícil y desafortunada que fue su infancia. El ambiente poco propicio para casi cualquier cosa positiva. Una persona que no se desarrolló completa ni sanamente, que eligió según lo que conocía. Cuando lo detuvieron declaró que Becky fue la única persona que amó en la vida, la única que lo hizo sentirse bien consigo mismo y que le dio impulsos para querer estabilizarse. Quizás lo que Henry Lee necesitó además de atención fue que alguien, cualquiera, aunque fuera una sola persona creyera en él. La prueba está en Becky, que cualquiera que fuera la razón por la que lo amó, el tiempo que permanecieron juntos Henry Lee demostró que podía superarse. Buscó un trabajo, consiguieron una casa. Pero esto no duró mucho tiempo. Los asesinos seriales por naturaleza, son mentirosos, de una u otra forma intentan siempre excusar su conducta. Para ellos, el sexo no es asociado al amor de pareja o a la vida, sino al poder y la dominación del otro e incluso con la muerte; por la que siempre manifestarán una admiración profunda.

Para explicar el fenómeno del asesinato serial, no se puede culpar solamente a la infancia perturbada, al rechazo social o al mal ejemplo de los padres. Es comprobado que esta “semilla mala” se desarrolla más fácil en personas con una psique más frágil, hay quienes son más propensos que otros para hacer crecer esta semilla. Es también biológico y no solamente, como anteriormente se afirmaba, culpa del demonio, Satanás o espíritus malignos.

“¿Sabes qué es lo único que mata al demonio?” Le preguntó Mickey al reportero. “El amor”.

 

 

Baja, baja pequeño Henry Lee,
y permanece conmigo toda la noche.
No encontrarás a otra chica en éste maldito mundo,

que se pueda comparar a mí.
Y el viento aulló, y el viento sopló.
Un pequeño pájaro se posó sobre Henry Lee.
 

No puedo bajar, y no bajaré.
Ni permaneceré toda la noche contigo,
porque a la chica que conservo, en la alegre y verde pradera.
La quiero más que a ti.
Y el viento aulló, y el viento sopló.
Un pequeño pájaro se posó sobre Henry Lee.

Se apoyó contra la cerca,
para conseguir un beso, o dos.
Y con una pequeña navaja en su mano,
lo apuñaló una y otra vez.
Y el viento rugió, y el viento gimió.

Un pequeño pájaro se posó sobre Henry Lee.

Ven y cógelo de sus blancas manos de azucena.
Ven y cógelo de sus pies.
Y tíralo en ese hondo, hondo pozo,
de más de cien pies de profundidad.
Y el viento aulló, y el viento sopló…
Un pequeño pájaro se posó sobre Henry Lee.

 

Yace, yace ahí, pequeño Henry Lee.
Hasta que la carne se despegue de tus huesos.
Porque la chica que tienes en aquella alegre y verde pradera
Puede esperar para siempre, a que vuelvas a casa.
Y el viento aulló, y el viento gimió…
…A little bird lit down on Henry Lee.

BIBLIOGRAFIA

EGGER, Steven A.. Serial Murder: An Elusive Phenomenon. Praeger Publishers. Westport, CT. Publication Year: 1990

DOCUMENTAL   A&E Biography . Henry Lee Lucas

Video Nick Cave y OJ Harvey http://www.dalealplay.com/informaciondecontenido.php?con=61507

Si ser o no ser…

Lilia Ávalos

No importa dónde lo haya escuchado (así que no te mortifiques, lector), pero los diálogos a continuación “existieron”. Incluso no sabría decirte si los escuché o los imaginé. Es sólo que hay, a veces, ocasiones en las que piensas tan intensamente algunas ideas que no sólo las imaginas, sino que las escuchas. Pero lo importante de esto recae en la posible certeza de los argumentos de Pedro Páramo y del gato de Chesire; o ya estamos muertos, o todos estamos locos. Y como quizás sean ambas y no sólo una de ellas la verdad, va a continuación el diálogo, en el que yo no aparezco, porque no soy yo quien le da vida, no es a partir de mí que lo conoces, sino que se sostiene por sí mismo. Al contrario, yo me valgo de él para plasmar mi fútil introducción y proporcionarme “existencia” (aunque sea entre comillas, ¿de qué otra forma si no?

 

—¿Hubieras preferido que no muriera?

—Bueno, no tanto como decir “ojalá que siguiera vivo”, porque todos tenemos que morir.

—¡Ah! Entonces, ¿crees que morir es una obligación?

—Bueno, no tanto como una obligación, sino más bien algo inevitable.

—¿Qué implicaría morir?

—Pues ya sabes; colgar los tenis, estirar la pata, ir al más allá, quedarse frío, ponerse tieso.

—Mmm, dudoso, dudoso. A ver, ¿qué hace a la vida, entonces?

—Bueno, pues es que uno puede hacer de todo en la vida (¡hasta morirse!). Puedes ir al cine, subir cerros, hacer revoluciones, escribir libros, ver tele todo el día, beber, fornicar cuanto se quiera. Sí, tú sabes, esas cosas.

—Pero si vas al cine, ¿no se acaba esto en el momento en que termina la película?, o si escribes un libro, ¿acaso el libro desaparece también cuando tú mueres?, ¿cuelga también el libro los tenis?, si haces una revolución y mueres ¿implica que no habrá quien experimente los cambios que propiciaste?

—¡Ah, pero eso es filosofía!

—Imbécil…

—Sí, mira, no te alteres: cuando alguien se muere, sólo muere el que se muere, más no lo hecho por éste, y como para los otros nadie es más que lo que ha hecho, entonces en realidad no se muere. O más bien sí se muere, pero ¡a quién le importa!

—Mmm… grrrrrr…

—Ajá, todo está clarísimo. Es como cuando se murió Jesús, o lo que es peor, cuando se murió Cervantes, la verdad es que yo no me entristecí, ¿por qué habría de hacerlo?, si a los cabrones  ni  los conocí, y lo que sé de ellos es sólo lo que otros dicen que hicieron, y como la cosa hecha sigue, pues entonces de qué me apuro.

—Pero lo que yo quería decirte es que…

—Sí, por eso, morir vale madres para todos menos para mí que soy quien muere, pero como cuando eso pase ya voy a estar muerto ¿de qué me apuro? Si por eso dicen que no hay muerte inoportuna. Imagínate que uno quedara vivo para pasársela tristeando porque se murió, pues no, ¿qué vida sería esa?

—No, lo importante de esto es que…

—Ajá, por eso, si te digo que cómo le gusta a uno mor-ti-fi-car-se (¡ah, qué palabrita tan rara!). Al cabo, uno ya está muerto, que los vivos se preocupen por esto.

—No, pero es que…

—¡Adiós…!

El poder menguado

Alejandro Ramírez Gallegos

 

Se dice tradicionalmente que la prensa es el cuarto poder. Ello se debe, según Lorenzo Gomis, a que ésta influye en la sociedad  y al hablar de poder refleja un poco el difuso temor que los medios inspiran. Un tanto cuanto más ambicioso se muestra Froylán M. López en el prólogo del “Manual de periodismo”, de Vicente Leñero y Carlos Marín, al señalar que el periodismo es ejercicio y lucha social. La objetividad, agrega, “es definición, explicación o implicitación de los credos o descreencias del presente y del destino de las sociedades”. Asume al periodismo como estimulante, no sedante, del cambio social y hasta asegura que es clave de su posición política.

En “El estilo del periodista”, Álex Grijelmo cita a Julio Alonso, escritor del prólogo del “Manual de estilo del diario El País”, de España y quien expone que para el caso de aquel país, en la actualidad se puede abusar del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sin infringir la ley. Esta premisa es válida también para el México actual. Lamentablemente también compartimos la siguiente observación: “De vez en cuando la prensa ofrece ejemplos que demuestran cómo el periodista puede ser puesto al servicio de intereses ajenos a los lectores; cómo se desarrollan a la luz pública campañas de opinión que responden a oscuras pugnas financieras o mercantiles; cómo a veces la caza y captura de ciudadanos se disfraza de periodismo de investigación”. Advierte, además, que  convertir a los medios de comunicación en armas de tráfico de influencias al servicio de intereses que se declaran es una práctica de abuso que crece a la sombra de la libertad.

Sin embargo, considera M. López, junto a la subordinación de los intereses mercantiles de la prensa,  existe una entidad, una realidad social y profesional, intencional y moral, llamada propósito periodístico y cuyo objetivo deben tener muy en cuenta los profesionales de esta actividad. La razón del periodismo y del periodista debe ser autónoma y debe ser la que determine las reglas de su trabajo informativo.

Al asumirse como Cuarto Poder, la prensa se concibió a sí misma como una institución y debido a ello no ha escapado de la degradación institucional que desde hace años sufren éstas ante los ojos de la ciudadanía.

Para Gomis, el poder de la prensa depende de su grado de influencia y esta, a la vez, depende directamente de la veracidad de la que goce algún medio en cuestión. Para definir el término influencia, Gomis cita a Talcot Parson, quien en 1967 estableció que la influencia es una manera de provocar un efecto en las actitudes y opiniones de otros a través de sus intenciones de actuar.

Señala que la prensa y en general los medios de comunicación tratan de influir en las ideas y creencias de sus receptores y ello sólo se puede medir a través de opiniones que ésos hagan en retroalimentación a la información que les proporcionan los medios.

Asegura que el periodismo no logra influir en sus receptores más allá de la medida en que éstos deseen ser influidos por dicho medio. Es decir, por citar un ejemplo, un lector de noticias no cambia su modo de ver la realidad sólo por el hecho de consumir un determinado producto informativo, sino al revés, busca un medio informativo que se ajuste a su manera de ver la situación para reforzar sus propias posturas.

De esta manera es como llegamos a la conclusión de que el llamado poder de los medios depende en gran medida de que se ajuste a las creencias de la mayoría de sus consumidores y comparta sus intereses y valores.

El prototipo del estudiante de humanidades

Gabriela Nájera

 

El estudiante de humanidades no es sólo un estudiante, tiene características específicas que lo hacen inconfundible a los demás.  Podríamos caminar por un campus universitario en cualquier parte de México sin percatarnos de qué carrera estudian la mayoría de los jóvenes, pero el humanístico resalta de los otros. Dicen que Dios los hace y las facultades de humanidades los juntan.

Sólo hay que ver cómo viste el estudiante de humanidades, su atuendo tiene que ser de colores extraños; mientras peor combinado ande, mejor. Este tipo de seres prefiere las ropas confeccionadas por artesanos indígenas, los cinturones que no son en realidad cinturones sino pedazos de tela, las boinas negras,  los huaraches cosidos con mecate o en su defecto los tenis Converse en cualquier presentación. Éstos últimos adquieren mayor valor si están rayados o rotos, porque bien he escuchado en múltiples ocasiones que no es lo mismo unos Converse hechos pedazos que unos tenis cualquiera rotos. Dos o tres ropas de manta, algún chal, collares de piedras lunares y algunos aretes folklóricos siempre estarán en el guardarropa de este espécimen. Tampoco faltarán los pantalones rotos; en cualquier otro lugar llevar un agujero en la nalga sería hasta vulgar, pero en las facultades de Humanidades es el pan nuestro de cada día y, próximamente, requisito de inscripción.

Los cabellos de esta fauna son casi una obra de arte, monumento a la rebeldía. No se trata sólo de evitar pasarse el cepillo, sino parecer despeinado a lo largo del día; no es sólo tener chinos, es lograr la elevación de ellos en el ángulo perfecto; no es sólo tener rastas, es lograr que conserven su efecto mugroso; la gracia no está en pintarse rayos morados o verdes en las mechas, sino teñirlas con productos naturales; y el último gran logro: cortarse el pelo sin acudir a una estética o peluquería (señal inequívoca de que es posible ir en contra del sistema).

Es equivocado dejarse llevar por la apariencia este moderno axolotl de las Humanidades. A primera vista puede confundírsele con hippie, pero no, él va más allá de la hippiesa, es más bien multifacético, puede saltar de lo naco a lo fresa, pasando por lo emo, lo darketo, lo metalero, lo punky y cuanta clasificación de grupos sociales y tribus urbanas exista.

Lo mismo ocurre con sus gustos musicales. Se han documentado casos en que estudiantes de Humanidades han escuchado, durante una borrachera, tanto a los Tigres del Norte, Montez de Durango, Pesado, Intocable y hasta a la Arrolladora Banda Limón, sin contar dos que tres canciones de José José, José Alfredo Jiménez y Juanga. Algunos especialistas han afirmado que la capacidad de tolerancia al cambio de intérpretes es proporcional a la ingesta de alcohol y la circulación de él en el torrente sanguíneo.

Sorprende también su reacción a los diversos escenarios y situaciones: si es invitado a un rave será conocedor de la música electrónica en su máxima expresión, portará pulceritas luminosas y saltará de manera efusiva a cada oportunidad; si tiene que comentar frente algún profesor algo sobre música referirá a los grandes concertistas de todos los tiempos, herencia musical de sus padres o familiares (porque todos tenemos un familiar que escucha música clásica); el reggae también será una presencia constante: su vinculación será la vida y obra de San Bob Marley y se manifestará especialmente con fotografías o estampas del jamaiquino; gustará además del rock en español, en inglés, en francés, en portugués, en mandarín, en coreano y hasta en tailandés (porque olvidé mencionar que el humanístico es poliglota) y jamás dejará atrás géneros musicales fundamentales en la historia de la humanidad como en tango, la trova, el jazz, el blues y el bosanova . 

No todos los géneros musicales son admitidos por este estudiante, claro que no, él vomitará el reggeaton y a los denominados grupos plásticos (Rbd, la Nueva Banda Timbiriche, Belanova, sólo por citar algunos), sin embargo en secreto sabrá la letra de todas  sus canciones como herramienta para un futuro estudio antropológico. 

El estudiante de humanidades gusta de ver películas, especialmente cine-arte o documentales sobre los problemas en países lejanos, muy pero muy lejanos,  por supuesto que verá “Rudo y Cursi”, incluso como un placer culpable, porque de todas formas Gael ya es un chico Almodóvar, ¿no? Muy selecta es la programación televisiva que él ve, jamás Ventaneando, ni La Oreja, mucho menos los reality shows o los programas de revista, aunque, por algún extraño motivo, conoce la vida y obra de cada artista. ¿Cómo lo sabe? ¿Acaso el humanístico posee poderes especiales que los demás no? Son preguntas que quizá sean respondidas, pero no hoy y no aquí.

Esto nos lleva a sus gustos literarios, el humanístico lee, pero no cualquier cosa, lee lo mejor de lo mejor, lo más selecto de lo selecto. Antes de inscribirse, cuando ha librado todos los exámenes de admisión, es vacunado para que al pisar por primera vez las instalaciones de su escuela desarrolle un repelente hacia autores como Paulo Cohelo o el buen Carlos Trejo.

Debido a su simpatía hacia la onda rastafari y su devoción a San Bob Marley, siempre estará a favor de la legalización de María Juana (mejor conocida como marihuana), de esta manera podrá limpiarla, liarla y consumirla dentro de las instalaciones de su facultad (hay quienes dicen que esto ya ocurre) y pasear por los jardines en un estado de meditación total, mientras procurara estar en armonía consigo mismo y la naturaleza. Los mejores estudios acerca del calentamiento global y algunos cuantos inventos fueron concebidos de esta forma.

Para ser un verdadero humanístico, este estudiante debe de estar en contra de al menos tres de las siguientes cosas:

a)    La iglesia

b)    El gobierno

c)    Las franquicias extranjeras

d)    El idioma inglés

e)    La contaminación ambiental

f)     El maltrato de los animales

g)    La burguesía

h)    Televisa/Tv Azteca

i)      La telefonía celular y el internet

j)      La discriminación en todas sus presentaciones

k)    La delincuencia

l)      El machismo o el feminismo

m)  El fascismo

Su credencial de estudiante le da acceso directo a todas las huelgas, marchas y manifestaciones habidas y por haber, donde demostrará su solidaridad y comprensión al medio que le rodea: que si sube el precio de la gasolina, ahí estará el humanístico; que si la matanza de kril por ballenas en la Antártida, ahí estará el humanístico;  que si los zetas se apoderaron de la piratería local, ahí estará el humanístico; que si un taxista atropelló a un conejo en el Periférico, ahí estará el humanístico, siempre al pie del cañón en asuntos de tanta relevancia, aunque no sepa bien de qué se trata la cosa: todas son expresiones sociales y humanas.

Aunque no todo son plantones y caos, también hay  empresas que se ven beneficiadas con la existencia de estas facultades, es bien sabido que la industria morralera encuentra en ellas la mayor parte de sus ganancias al año; se estima que 9 de cada 10 humanísticos poseen por lo menos un morral, también los concesionarios de máquinas de café y los vendedores de cigarros sueltos perciben ganancias multimillonarias anualmente. Infortunadamente las transnacionales que se encargan de la higiene personal,  como Gillete Prestobarba,  Head & Shoulders, Rexona y Hugo Boss, venden escasos productos a los humanísticos, lo cual las ha llevado al borde de la quiebra.

Así es este estudiante, la mayoría de las veces inofensivo, sin embargo le recomendamos que se mantenga lo más alejado posible de este espécimen: todas sus características se transmiten a las personas normales de manera verbal, y el daño es irreversible.